Según mi criterio, cada día hay muchos comienzos. Algunos se pueden concluir y otros resultan imposibles de cerrar. Como en la naturaleza, todo tiene su proceso. Las semillas son un claro ejemplo: un periodo de adaptación, germinación y crecimiento.
Durante ese periodo, el tiempo que pasa puede medirse en horas, días o incluso años, como ocurre con el bambú. Por eso me he acostumbrado a discernir y a confiar en que todo va sucediendo para ayudarnos a aprender y evolucionar.
Cuando empecé mis andaduras comerciales, el marketing mix era la herramienta que permitía trabajar el posicionamiento y realizar el análisis DAFO. Todo ha ido cambiando hasta tal punto que, si no te encuentras en redes sociales, eres prácticamente invisible. Ahora los apoyos digitales son diversos: vídeos con procesos de explicación, personajes ingeniosos para dar vida a la experiencia, e infinidad de información para que todo resulte sencillo de explicar al usuario… Entonces, ¿cuál es la intención? Es, sencillamente, la manera de adaptarse.
Podemos tener la mejor empresa y los mejores profesionales pero, si omitimos exteriorizar y visibilizar nuestro trabajo, nos convertimos en algo casi ficticio. En los cuentos, los personajes metafóricamente se convierten en la parte visible de lo que queremos aprender o mejorar; y así tratamos de quedarnos con la mejor versión de cada uno.
La receta de mi adaptación se ha basado en la paz interior, un adecuado diálogo interno y suficiente amor propio. A partir de ahí, dejo que las ideas “maceren” y se distingan, formulando preguntas poderosas y buscando respuestas reales para llegar a donde los objetivos nos van definiendo.

