Desde el comienzo de mi experiencia profesional, hace ya 20 años, los procesos se realizaban de forma analógica, confiando el resultado en cuidar los fallos y evitar descuidos. Siempre he entendido mi trabajo como una forma de crear salud, y eso se medía en tiempos bien aprovechados y, en consecuencia, en minimizar daños y errores personales.
Algunas tareas han cambiado en el sector dental, convirtiéndose en procesos digitales y en protocolos más sencillos. La gran diferencia está en los tiempos dedicados y en los métodos continuos que, al reducirse, complementan al profesional y le aportan mayor seguridad.
Según he observado a lo largo de los años, cada profesional vive su trabajo en función de su calidad humana. Esa forma de ser marca la diferencia a la hora de acercarte y compartir con los demás, y termina proyectándose en cómo uno se define y se diferencia como profesional cercano. Tiene cierta similitud con los escritores y literatos: cada uno escribe desde su propia perspectiva o, como bien dice Santiago Gil, convirtiendo cada obra en un “acto de fe”.
Considero que para haber desarrollado la trayectoria profesional que he tenido, en sus diferentes facetas —como Auxiliar, como Higienista, como Comercial Dental, como Emprendedora— ha sido clave, a partes iguales: crear confianza, actuar con respeto y practicar la escucha activa. Las tareas son muchas, las personas somos únicas y, al final, lo que diferencia a las empresas es, sin duda, la personalización de los procesos.
Quiero agradecer a los clientes que nos han confiado sus proyectos y que hemos finalizado con éxito; y, por supuesto, también a aquellos proyectos y situaciones que han sido distintos, porque de todos ellos hemos aprendido. Forman parte del recorrido y, gracias a ellos, seguimos creciendo y aprendiendo de los errores cometidos.

